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Viernes, 18 Mayo 2012 Reseña

Con el director del Sirpa, Rubén Villaverde

Ruben Villaverde, director del SIRPA
Ruben Villaverde, director del SIRPA

En entrevista con el semanario Brecha, el director del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa), Rubén Villaverde, habló sobre los cambios que involucran al nuevo organismo, el trabajo que se pretende realizar con los adolescentes, el rol de la sociedad y la relación con los funcionarios.

Villaverde explicó que la gran diferencia que tiene el Sirpa con los anteriores organismos encargados de la privación de libertad (Interj, Semeji), es que ahora se cuenta con fondos “como para incorporar técnicos que nos permitan consolidar la propuesta y presupuesto para transformar la infraestructura de una forma sustancial”. Agregó que la gran aspiración socioeducativa es “reenganchar a los adolescentes infractores en el sistema de educación formal”, así como “lograr una preparación que le permita demostrar competencias laborales al salir de la institución”. El jerarca explicó que hay más demanda de la que el Sirpa puede cubrir, ya que los adolescentes no están capacitados para algunos trabajos. “Podemos llegar a contar de acá a fin de año con 100 becas de salida laboral, sin embargo hoy no tenemos 100 gurises preparados para aceptar una oferta de esa naturaleza”.

Consultado sobre cómo convencer a esos adolescentes de optar por el trabajo en lugar de la actividad delictiva, Villaverde señaló que se apuesta a un “trabajo combinado con el infractor y la familia”, y que si no hay contención familiar, “el pronóstico es reservado”. “La vinculación con el mundo del trabajo tiene mejores resultados que las 23 horas de encierro”, y si bien “mientras ese menor está encerrado la gente está tranquila”, de ese encierro “no hay dudas” que “no sale un chico, sino un animal”.

Respecto a las manifestaciones ciudadanas a favor del aumento de penas para los adolescentes, Villaverde afirmó que no visualiza “otra salida que la que proponemos: o nosotros ofrecemos la posibilidad de cambiar cabezas, conductas, trayectorias delictivas, o nos espera que esos chiquilines al cumplir los 18 años pasen a las grandes ligas del Comcar, Canelones o el Penal de Libertad”.

En cuanto a la relación con los funcionarios, el director del Sirpa opinó que “si no transformamos la cultura sobre la que se asienta y se desempeña el personal, aunque cambiemos a todos los empleados, no habremos cambiado una dinámica que a lo sumo podrá asegurar que nadie se escape”. Para Villaverde, se trata de “un objetivo más difícil de cambiar que la conducta de los muchachos”.

Temas asociados: Adolescentes en conflicto con la ley

Medios:
Brecha | Pág. 17 - 18 | Periodistas: Daniel Erosa/Tania Ferreira

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